Marzo: tres claves para sostener lo que en enero prometimos

Marzo suele presentarse ante nosotros con una honestidad brutal. Es el mes donde el brillo de las resoluciones de año nuevo comienza a desvanecerse y la inercia de la rutina amenaza con instalarse en nuestras metas y proyectos. En enero declaramos metas con entusiasmo; en febrero intentamos sostenerlas con voluntad; pero es en marzo donde se revela quiénes somos y dónde estamos realmente ante nuestros compromisos.

Como CEO de Progreso, estoy convencido de que la diferencia entre una visión inspiradora y un resultado extraordinario no sólo está en la genialidad del plan, sino en la consistencia con la que actuamos cuando la novedad pasa. En ese sentido, coincido con aquella frase que reza “la ejecución se desayuna a la estrategia todos los días”.

Como profesor, observo que es ahora cuando el estudiante comprende que no basta con asistir a clase, sino que debe dominar la materia. Ya pasó el primer examen parcial y ahora sabemos que la novedad terminó y el trabajo real, o la falta del mismo, se nota en los resultados. 

Para transitar este puente con éxito, propongo reflexionar sobre tres pilares que transforman la ejecución en un acto de trascendencia.

Primero, invertir en el capital relacional. Algo que este año destacamos en Progreso es que la gestión de resultados es, en su esencia más pura, la gestión de relaciones. Por eso es que mi equipo ha invertido mucho en recibir coaching para transformar las relaciones en resultados. 

Y es que existe una tendencia peligrosa en el mundo corporativo a obsesionarse con los tableros de control como si estos operaran por sí solos. Pero la realidad es que las metas se ejecutan a través de personas, y la calidad de nuestras relaciones determinará, sin lugar a duda, la calidad de nuestros resultados.

En este mes, el desafío no es solo presionar por el indicador, sino fortalecer la confianza con quienes lo hacen posible. Si la relación es sólida, el equipo encontrará la forma de superar los obstáculos que inevitablemente se presentarán. Si la relación está fracturada, ni el mejor incentivo del mundo comprará el compromiso genuino. 

Segundo, practicar la humildad para corregir temprano. O en palabras de nuestra coach @laura bicondoa: anunciar un “punto de quiebre” oportunamente. Es decir, tener la confianza y conciencia de levantar la mano porque algo está pasando que amenaza el logro de la meta. Al cerrar este primer bimestre, debemos tener la valentía de preguntarnos, con honestidad: ¿qué no funcionó? Corregir en marzo es un acto de sabiduría, no un reconocimiento de fracaso. Al contrario, es un acto de  honestidad que nos habilita para tener nuevas conversaciones, corregir, rediseñar y coordinar a tiempo.

Una persona que se aferra a un plan que los datos o los hechos demuestran que va por mal camino, por ego o por miedo, pone en riesgo el año completo. La humildad nos permite analizar la desviación de nuestras metas con rigor, ajustando la táctica sin perder de vista la estrategia. 

Este es el momento de sentarnos con el equipo, no para buscar culpables, sino para fortalecer la comunicación, la confianza y nuestras relaciones. El rigor analítico nos da la claridad para pivotar, y la humildad nos da la libertad para hacerlo a tiempo, antes de que el error se convierta en una tendencia irreversible.

Tercero, y quizás lo más fundamental, mantener la integridad del propósito incluso bajo presión. Debemos ser enfáticos: nadie se compromete con una celda de Excel; la gente se compromete con un propósito que valga la pena. Mi labor, y la de cada uno de ustedes, es asegurar que cada colaborador comprenda que su esfuerzo diario no es solo un renglón en el estado de resultados, sino un ladrillo en la construcción de un legado. 

Cuando pasamos de la «meta individual» a trabajo en equipo, la cultura de la compañía se vuelve inquebrantable. La ejecución consistente en Progreso significa ser fiel al Código de Valores, Etica  y Ética, incluso —y especialmente— cuando los vientos son contrarios. El éxito para nosotros es aquel que podemos celebrar con la frente en alto, sabiendo que el camino recorrido fue tan íntegro como el destino alcanzado porque el fin no justifica los medios.

Al final del día, el #liderazgogenuino no se mide por cuánto logramos avanzar nosotros, sino por cuánto logramos que otros crezcan a nuestro lado. Los invito a que no vean este mes como una carga de trabajo, sino como la oportunidad de demostrar que somos capaces de transformar nuestras palabras en la #culturaProgreso y nuestros planes en metas crucialmente importantes.

Sigamos construyendo, no solo edificios o indicadores, sino una forma de trabajar donde la excelencia técnica y la calidez humana sean una sola. El año apenas comienza a mostrar su verdadera forma; aseguremos que, al mirar atrás, podamos decir con orgullo que alcanzamos la meta siendo fieles a quiénes somos. Al fortalecer nuestras relaciones y actuar con nuestro propio código de valores, estamos poniendo los cimientos para construir juntos el país donde todos queremos vivir.

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