Liderar desde la convicción cuando el entorno invita a frenar

Hace poco leí la buena noticia de que las economías de la región seguirán creciendo para impulsar sus respectivas industrias de la construcción. Esto ocurre mientras el contexto de los conflictos  internacionales presiona los precios del combustible y la incertidumbre geopolítica invita a la cautela. Sin embargo, estoy convencido de que en tiempos inciertos, las metas alcanzadas son el resultado de la audacia de los líderes que ven en la incertidumbre nuevas oportunidades.

Hay una convicción que ha guiado a Progreso por más de 125 años y que, en momentos como el que vivimos hoy, cobra más sentido que nunca: la confianza es el verdadero motor del desarrollo. La confianza no debe ser confundida con soberbia o imprudencia; sino como fe activa. Confianza debe ser una decisión consciente de creer en nuestras capacidades y seguir construyendo cuando el entorno invita a frenar.

Porque cuando uno lidera en estos tiempos, pronto entiende que la incertidumbre no es la excepción; es la norma. Lo que varía es su tipo. Se puede presentar como pandemias, conflictos geopolíticos o complejidades políticas propias de nuestra región. La pregunta no es cómo eliminamos la incertidumbre, sino cómo tomamos decisiones dentro de ella con claridad y con propósito.

En Progreso hemos aprendido que a mayor incertidumbre, mayor es la necesidad de volver a lo esencial. En los momentos más exigentes, ese ancla ha sido el COVEC, nuestro código de valores, ética y conducta que define quiénes somos y desde dónde actuamos. Los tiempos difíciles nos recuerdan para qué sirven los valores y los tiempos no tan difíciles ponen a prueba si de verdad los vivimos. Por eso nuestra cultura no es un recurso de emergencia sino nuestra brújula permanente, en todo momento y en todo contexto.

El modelo que mejor encarna esa fe en la acción es el de nuestro fundador, don Carlos F. Novella. Cuando él dio sus primeros pasos como empresario a finales del siglo XIX, el entorno también estaba plagado de incertidumbre. Lo que lo sostuvo fue su espíritu empresarial genuino y la fe y convicción de que el trabajo bien hecho daría fruto. Todo ello construido sobre valores concretos y con muchos menos recursos de los que tenemos hoy en día. Así fue como construyó un negocio familiar, con preocupación real por sus colaboradores, por sus clientes y por el entorno donde operaba. Ese legado es nuestro ADN Progreso y es tan vigente hoy como entonces.

Sostener esa manera de ser requiere fe y perseverancia. Fe para trabajar contra la incertidumbre sin que te paralice, y perseverancia para seguir adelante cuando el camino se complica. En Latinoamérica siempre habrá corrientes en contra. El liderazgo que admiramos no es el que espera condiciones perfectas para actuar, es el que ejecuta con convicción y se adapta sobre la marcha, enfocado en lo que sí está dentro de su círculo de influencia.

Con esa fe y esa actitud la familia Progreso ha logrado perseverar durante más de 125 años, y esa es la actitud que buscamos cultivar y contagiar a cada líder de Progreso y a nuestras comunidades en cada uno de los países donde operamos.

La confianza es la base del liderazgo. La fe es una forma de confianza, y en Progreso creemos en un tridente que lo sostiene todo: confianza en Dios, confianza en uno mismo y confianza en el equipo. Los tres son necesarios para sacar adelante los retos que nos esperan. Esa triple confianza es la que convierte las proyecciones en realidad. Por eso nos gusta decir que en Progreso “compartimos sueños y construimos realidades” aún frente a la incertidumbre.

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