El estudio de ManpowerGroup revela que siete de cada diez empleadores guatemaltecos tienen dificultades para encontrar el talento que necesitan, y son los sectores de Tecnología, Comunicación, Manufactura, y Logística los cuatro más “afectados”. Frente a eso, las respuestas que señala el estudio para Guatemala han sido subir salarios (26%) u ofrecer flexibilidad de ubicación (24%), y solo el 14% invierte en formar a su propia gente.
A nivel global, el mismo estudio muestra una tendencia distinta frente al mismo problema: la principal estrategia es upskilling y reskilling de sus colaboradores. Es decir, por un lado, forman a sus equipos para que puedan asumir responsabilidades más complejas o adaptarse a nuevas tecnologías; y, por otro, realizan capacitaciones para un rol completamente diferente dentro de la organización. Así, apuestan por desarrollar el talento con el que ya cuentan, brindándoles la oportunidad de crecer y transformarse.
Si algo demuestra la tendencia global, es que los conocimientos pueden quedar obsoletos, pero las habilidades no. La curiosidad, la capacidad de aprender, la empatía, la comunicación y la adaptabilidad se han convertido en el verdadero diferencial. Son esas habilidades blandas —que no se enseñan en manuales ni se automatizan con inteligencia artificial— las que permiten que un país no solo trabaje mejor, sino que piense mejor.
La escasez de talento siempre ha existido porque los mercados cambian, las tecnologías avanzan, y las expectativas evolucionan. Lo que sí podemos cambiar es la manera en que respondemos, para que en lugar de temerle al cambio, lo usemos como impulso para adaptarnos, diversificar y aprender. Al final, más que una escasez de talento, enfrentamos una escasez de confianza: confianza en nuestra gente y en nuestra capacidad de aprender.
Si eres joven y te sientes perdido viendo estas noticias sobre «escasez de talento», entiendo la angustia. Los titulares te dicen que las compañías no encuentran lo que buscan, y te preguntas si tú serás suficiente, si elegiste bien, si hay espacio para ti; pero, no se trata de eso. Lo importante no es preocuparse por el futuro, sino prepararse hoy para aprender siempre.
Las universidades también tienen un papel crucial. Necesitamos que estén más conectadas con las compañías, que informen mejor a los jóvenes sobre las tendencias reales del mercado laboral, que formen no solo para un título, sino para una vida de aprendizaje continuo. El objetivo es que enseñen a pensar, a colaborar, a resolver problemas, a comunicar ideas con claridad.
Y las compañías, por nuestra parte, debemos volver a lo esencial: formar, orientar, confiar. No se trata solo de contratar al mejor talento del mercado, sino de crear las condiciones para que ese talento quiera quedarse, aprender y crecer. La formación interna no es un gasto: es una inversión en cultura, en estabilidad y en futuro.
A quienes hoy inician su carrera o se sienten perdidos frente a las noticias, les diría que no se dejen llevar por la ansiedad del momento. El mercado siempre parecerá incierto, por lo tanto, lo importante no es predecir qué sectores crecerán, sino prepararse para adaptarse a cualquiera. No hay carrera equivocada si se la asume con curiosidad, con apertura y con rigor, porque Guatemala necesita más que ingenieros, comunicadores, educadores, economistas, artistas y técnicos, necesita personas que confíen en lo que son capaces de hacer.
La formación, el esfuerzo y la perseverancia siguen siendo el camino más seguro hacia las oportunidades. Y ese camino, aunque a veces parezca largo, es el único que verdaderamente nos llevará a un futuro certero.